jeudi 5 mai 2022

La pausa y tú

 Hay una especie de alegría que echo en falta, como si me dijera que no viene a buscarme la suerte. Hay una especie de rincón escondido en un pedacito de mi ser que no quiere calma sino bailar. Bailar y reír, por cualquier cosa, a cualquier ritmo, como si me faltara ese sol flamenco que sabe a rumba. Que sabe a penas risueñas, pero tan llenas de vida que dan ganas de llorarlas a carcajadas. Se puede llorar a cargadas? Tal vez de eso se trata, de sonreír nostalgica, reír a carcajadas y pasar de la risa al llanto como la vida, simplemente con la capacidad de vivirlo todo. 

Delante de algunas personas dejé de llorar y ahora no puedo sentir alegría. Porque si no puedo llorar, tampoco puedo ser alegre de verdad. El verdadero llanto es risa permitida. 

Hoy hablaba con alguien que me inspiraba mucho, y que es tan humana... me decía que la pausa es necesaria, me hablaba de su vecino como alguien poco fino y yo pensaba que la falta de finura es creerse más fino que el resto. Somos reflejos de lo que vemos. Yo veo una pausa que se alarga y una alegría que espera a venir, y no sé donde encontrarla, tal vez se haya perdido con la pena...


En cada rato que no me permito ser tocada por los demás, que me protejo de emocionarme, estoy renunciando a la alegría. 


Ojalá encontrara la mirada de Morgan, esa mirada que cuida y que absorbe alegrías pequeñas, esa mirada paciente siendo tan joven. Personas como ella hacen que todo tenga sentido, porque en el camino hacia otra parte las observo construir el suyo y puedo plantar un poquito de todo el amor que les tengo. Esto me recuerda a aquel cuento de las huellas doradas... Las huellas doradas siempre se ven cuando no hay luz del día, con la perspectiva necesaria y en el momento justo. Tal vez para verlas haga falta echar a andar y alejarse. En ese espacio entre la pausa y la puerta, se vislumbra el camino.

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