dimanche 3 avril 2022

el cid campeador y las puertas a la vida

 No se puede herir a alguien que no sangra. No se puede alcanzar ni con la bala y ni con la piedra.  No se puede manipular a quien no teme, ni matar a quien se sabe efímero. Aquí todo está en orden, la soledad ha tomado el ritmo, y de tanto conocerme no me entiende. Porque entenderse es descubrir. Es mirar, con unos ojos que aun no saben. 

Y por eso Soledad no me quiere, porque no descubre quien soy, solo cree saberlo.

Hoy es un relato en que entran nuevas personas, a removerme los posos y hacerme intuir nuevas ganas. Un relato donde mi estomago baila, como quien baila a duermevela. A veces se contrae, se asusta y corre. Otras se expone, sabiendo que en lo nuevo tambien puede vivir el amor.

Ella se llama puerta, mi libertad. Siempre llega pronto, entra corriendo y tiembla despeinada mientras se dispone a que la abra. Parece si, una puerta abierta. Pero cada vez que la abro, y transito entre sus ecos...cada vez me pierdo, y ya no sé quien es quien. Por eso la temo, esa puerta, porque temo perderme en ella, y no saber volver al punto de partida. Quien es ella y quien soy yo. Porqué cuando la miro parece que me veo, aunque no sea yo, aunque sea otro tiempo. Porque no puedo mirar sus ojos, ni acompañarla en sus recovecos sin perder la calma. No lo sé. 

Tampoco sé porque esa puerta queda abierta cuando el pasaje se cierra, y sigo cruzando de un umbral a otro como un campeador entre Burgos y Toulouse. Pero sé, que es una puerta que no quiero cerrar, porque me invita a la vida.

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